Aug 8, 2010

Sobre la caricatura. Revista de Estudios Sociales No 35. Universidad de los Andes


Debate

Participantes:

Julio César González, Matador

Se inicia como creativo publicitario. Sus primeros trabajos humorísticos los realizó para el periódico El Fuete y para la gaceta de cine de Comfamiliar, de su ciudad natal. Ha participado en bienales de humor y la sátira en Grabovo (Bulgaria). Sus trabajos han sido publicados en el Diario del Otún, La Tarde, El Espectador, la revista Semana, la revista Credencial, Portafolio, Soho, Don Juan, entre otros medios nacionales e internacionales. Actualmente es caricaturista del periódico El Tiempo. Correo electrónico: matadorcartoons@gmail.com.

Alejandro Martín

Egresado del programa de matemáticas de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. D.E.A. en Lógica y Filosofía de la Ciencia, Universidad Nacional de Estudios a Distancia, España. Del 2004 al 2007 se desempeñó como editor de la revista Piedepágina y actualmente es coordinador de la Biblioteca Virtual de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Correo electrónico: alemartin@gmail.com.

Catalina Ruiz-Navarro

Maestra en Artes Visuales con énfasis en Expresión Plástica; Filosofa, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Actualmente cursa la Maestría en Literatura, Universidad de los Andes, Bogotá. Columnista y blogger de ElEspectador.com. Co-fundadora y directora de la revista HOJA BLANCA, proyecto ganador de la convocatoria Bogotá un libro abierto, en el marco de Bogotá capital mundial del libro. Colabora frecuentemente con otros periódicos como El Heraldo, y las revistas Soho, Arcadia, Cartel Urbano y Level Magazine. Lleva el blog catalinapordios.blogspot.com. Tiene experiencia en diagramación, procesos editoriales, edición, fotografía e ilustración. Ha trabajado como investigadora de contenidos audiovisuales, para el programa Culturama, de Señal Colombia, y ha colaborado como expositora en paneles y conferencias universitarias. Participante asidua de las comunidades web: Flickr, Twitter, Facebook y Msn. Correo electrónico: catalinapordios@gmail.com.

Carlos Salazar

Pintor. Estudió en la Facultad de Artes de la Universidad de Barcelona y el Atelier 17 en Paris. También escribe sobre temas como la relación entre Arte y Corporaciones, Arte e Ideología y Arte y Religión. Correo electrónico: salazar86@gmail.com.

Fernando Uhía

Artista, MFA del San Francisco Art Institute de California y Maestro en Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. Ha expuesto nacional e internacionalmente y recibió el IV Premio Luis Caballero de la Secretaría de Recreación y Deportes de Bogotá (2007), la Beca Jóvenes Talentos del Banco de la República de Colombia (1997), la Beca Colcultura Presidencia de la República (1993), y el Primer Premio del Salón Universitario del ICFES (1989). Ha sido conferencista, profesor de arte en universidades de Bogotá; tallerista del Banco de la República en ciudades colombianas; ponente en encuentros de facultades de Arte; consejero de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, y jurado en innumerables concursos de arte en Colombia. Ha dirigido más de cien proyectos de grado en las universidades Tadeo y Andes de Bogotá, y ha escrito sobre arte y cultura contemporáneos para catálogos y medios impresos nacionales como El Espectador y El Tiempo, y las revistas OJO, Erguida y Horas. Ha dedicado su vida académica a investigar sobre las manifestaciones visuales derivadas de la globalización económica y a buscar nuevas metodologías para la educación y enseñanza artísticas. Actualmente es editor de la revista NQS y profesor asociado del Departamento de Arte de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Correo electrónico: fuhia@uniandes.edu.co.

¿Por qué leer la historia a partir de la caricatura?

Julio César González (Matador): Porque es más chévere… tiene dibujitos.

Alejandro Martín:“Leer la historia a partir de la caricatura” suena a una propuesta muy interesante que no sé si alguien haya realizado, y no estoy seguro en qué pueda consistir. Si se trata simplemente de incluir como fuente del trabajo histórico la caricatura, me parece que, como testigo de los tiempos, la caricatura tiene tanto o más que decir que las demás fuentes. Y desde hace bastante tiempo, historiadores ya canónicos como Germán Colmenares le han dedicado su interés. Sobre todo hoy en día, con el énfasis en fuentes distintas, en particular en las imágenes, las caricaturas habrán de cobrar más y más interés.

Pero la pregunta parecería sugerir algo más: ¿se trataría de imaginar la historia, de Colombia, por ejemplo, a partir de todas las caricaturas que se han publicado? ¿O de contrarrestar los textos canónicos con las caricaturas de los hechos que allí se tratan? ¿O de ilustrar los libros de historia, por ejemplo, para los colegios, exclusivamente con caricaturas? Es decir, a la hora de interpretar la historia, dar un valor primordial a la caricatura, tomarla como paradigma de fuente. Por ejemplo, que sean ellas las que nos enseñen a leer, que deberíamos decir, mejor, a “imaginar” un cierto momento histórico. ¿Esto qué implicaría? Las caricaturas son una fuente histórica con una retórica especial y con una gramática particularmente compleja dentro del reino de las imágenes. De entrada, después de un buen tiempo y fuera del contexto, resultan difíciles de entender y a la vez invitan al escepticismo, ya que sabemos que nos presentan una visión cargada de la historia, hecha de exageraciones. Pero, a la vez, sabemos que sus autores podían decir algo que muchos otros no se atrevían. En Colombia, se trataría de una historia primordialmente política, ya que ha sido ése el tema principal de los caricaturistas.

Catalina Ruiz-Navarro: Porque la caricatura hace anotaciones constantes sobre la actualidad, sobre todo la política, y como su posición es inmediata, y crítica, construye una historia con las mismas características. La caricatura transmite una impresión de la historia más pegada a la gente que a los academicismos.

Carlos Salazar: La historia suele ser, en su peor faceta, la historia del abuso de los poderosos, por una parte, y la de los que quieren ser poderosos para tener acceso al ejercicio del abuso, por otra. El poder, sin embargo, no se puede liberar de las cadenas de la exageración y la hipérbole. De lo heroico y de lo grandilocuente. La gran maldición que lleva el poder sobre sí mismo es que no puede ejecutarse sino dentro de un cierto nivel de vulgaridad, y ésa es la presa preferida de la caricatura, que, finalmente, no es otra cosa que una manera popular de ejercer control social sobre el poder y limitar sus abusos. Aunque la noción que tenemos de “caricatura” es la gráfica, la caricatura en poesía y prosa es más antigua y posiblemente más corrosiva. No hay sino que leer los retratos que hacen Menandro o Plauto de los políticos, parásitos y escaladores sociales del mundo antiguo. Nada ha cambiado, para desgracia del mundo y para fortuna de la caricatura.

Fernando Uhía: Se puede leer la historia desde cualquier práctica, pero la caricatura es una práctica “al día” de producción determinada por eventos puntuales diarios. En su mayoría los historiadores no trabajan así; más bien buscan un tema general que condimentan con temitas laterales, resultando la historia en una ficción abstracta más cercana a ficciones como el Estado o el Capital. Al ser la caricatura la historia “al día”, devela los acontecimientos antes de que la historia oficial y sus métodos “científicos” los vuelvan abstractos y los alejen de la vida diaria.

¿Qué dice la caricatura que la historia no dice?

Julio César González (Matador): Por lo general la historia la suelen escribir personas muy serias, algunas veces muy perversas… casi no hay humor en los relatos históricos; la caricatura se burla de todo, incluso de la historia como nos la cuentan. Hay humor, que es algo que nos hace más humanos.

Alejandro Martín: En una lectura histórica de las caricaturas colombianas, algo que reviste un interés especial serían todas las repeticiones, los motivos que aparecen y reaparecen. Ya que, como no se reconocen las caras, muchos dibujos separados por años se verán iguales. Quizás resulte más evidente cómo ciertas estructuras no cambian nunca. Y además nos hacen conscientes de cómo en las caricaturas, en muchos casos, se trata principalmente de detectar esas estructuras. Son muy interesantes también los tropos de las caricaturas. Esos esquemas que aparecen en las caricaturas de todos los países, como las cabezas infladas o ciertas representaciones zoomorfas. Todos estos “arquetipos”, al ser comunes, nos hablan de las cosas humanas, y lo dicen, y lo muestran desde esa mirada aguda que intenta concentrar todo en una imagen.

Catalina Ruiz-Navarro: La historia está comprometida, por definición, con el ganador, y toma el bando de quien la escribe. Es imposible pensar en una historia totalmente imparcial pero esta misma pretensión hace que traten de construirla a partir de hechos, no de opiniones. La caricatura habla, justamente, de esas opiniones, y no puede ajustarse a un discurso regente porque su publicación es inmediata, es en caliente, es como una pequeña cápsula de tiempo de una opinión. También la caricatura tiene la posibilidad de denunciar abiertamente algo, sin la responsabilidad de la denuncia, pues la caricatura no es real, aunque todo lo que diga sea cierto.

Carlos Salazar: Que la historia es la historia de la lucha de clases. Esas dos clases son, por una parte, la de los que tienen el poder y la vulgaridad, y por otra, la de los que desafían el poder con el ingenio. La vulgaridad suele ser elegida democráticamente y termina ganando, pero el ingenio, la quintaesencia de la aristocracia popular, se encarga de mantener intacto el insomnio de la vulgaridad. Vaya usted a presumir de sus “logros” en un bar de Dublín o en un barrio del sur de Bogotá y comprenderá lo que le digo.

Fernando Uhía:No dice nada, más bien enfrenta al espectador con la cruda realidad antes de que los poderosos e historiadores la deformen para su provecho.

El caricaturista vive entre dos profesiones: artista y periodista. ¿Qué toma de ambos mundos? ¿Qué pierde de ambos mundos?

Julio César González (Matador): En mi caso particular no me considero ni artista ni periodista; yo me quedo con la definición de mi papá cuando estaba en bachillerato: “soy un bueno para nada que hace mamarrachos”. El arte y el periodismo ganaron al no incluirme en sus filas.

Alejandro Martín:Yo no creo que podamos llamar al caricaturista periodista, más bien columnista de opinión. Yo ligo el periodismo a la investigación. Y el caricaturista no hace eso, más bien opina sobre lo que está sucediendo, sobre lo que todo el mundo conoce. Y en relación con el columnista de opinión, podemos decir que el caricaturista tiene más libertad; no conozco de casos de demandas a caricaturistas por difamación (aunque con seguridad habrá habido). Eso me lleva a pensar en un tema interesante, y es el modo de afirmación, de enunciación, de una caricatura. La firma no implica que el autor “dice” lo que la caricatura dice; en muchos casos, quien dibuja puede afirmar que lo que allí queda no es más que lo que “se dice”, que sólo está plasmando algo que está en el aire, pero que nadie puede escribir en un periódico sin el riesgo de ser acusado de afirmar sin pruebas. Es raro que se le pidan pruebas a un caricaturista. Y, por lo general, el caricaturista juega con la variable del humor, lo que lo diferencia del resto del periódico. De modo que, si pensamos “periodista” como alguien que hace parte de un periódico, aparecen varias claves para pensar el caricaturista: por un lado, la periodicidad, que le permite crear un lenguaje propio que se desarrolla en complicidad con sus lectores, y por otro, el lugar que ocupa dentro del periódico, lo que puede decir que el resto del periódico no puede decir. Es una pieza muy importante.

Respecto al otro polo de la pregunta, a la relación de la caricatura con el arte, parto de afirmar que hoy en día es difícil saber qué podemos llamar arte. Sin embargo, propongo dos líneas de trabajo a partir de la pregunta. Primero, si pensamos en los caricaturistas dibujantes, y como tales ligados a la disciplina y tradición del dibujo que se considera como parte del arte, allí surge la pregunta interesante de qué caricaturas de la historia deberían hacer parte de la historia del arte y por qué razones, ¿Por su buen trazo? ¿Por su elaboración de caracteres? ¿Por su inteligencia y agudeza? Segundo, si nos guiamos para pensar los artistas por aquellos contemporáneos que llamamos artistas, quizás podríamos llegar a afirmar que entre los mejores artistas del cambio de siglo en Colombia había caricaturistas. Las series de Vladdo de pequeñas variaciones sobre una misma idea (un Pastrana al que la ropa cada vez le queda más grande, un palacio presidencial que se va volviendo una colección infinita de recordatorios de crímenes), los videos de Zoociedad y los personajes de Jaime Garzón, todos pueden encontrar análogos en el mundo del arte (series de variaciones, videoarte, performances) mucho menos críticos, tanto de la situación como del lenguaje mismo que utilizan (criterios repetidos de la valoración del arte actual). La cuestión es que la fractura de la noción de arte en el siglo XX afecta también la forma como asumimos la historia del arte y su relación, por ejemplo, con la caricatura. Y que, de todos modos, tanto en la primera como en la segunda lectura, lleva a notar afinidades profundas entre arte y caricatura. Y, comparando los que llamamos artistas y caricaturistas en la línea de lo propuesto en la pregunta, los segundos tendrían algo que es a la vez una libertad y una prisión, ya que, libres de los condicionamientos del mundo del arte (incluido aquel de ser “libres”), indiferentes al imperativo de hacer arte, harían caricaturas dentro de los condicionamientos de su oficio y el impulso para trabajar que da tener claro aquello que se hace, más cuando el oficio implica un trabajo cotidiano.

Catalina Ruiz-Navarro: Del periodista el caricaturista toma mucho, necesita estar informado constantemente, y necesita tener reacciones rápidas a esta información. Del artista gráfico toma la habilidad para mostrar en una imagen una realidad propia, y la habilidad del retratista para revelar el carácter del retratado; el verdadero hombre tras su máscara, su pequeñez y fealdad esenciales. No creo que pierda nada de estos mundos, tal vez su quehacer es más pragmático que el del artista y menos atropellado que el del periodista.

Carlos Salazar: No veo por qué tenga que haber un conflicto de intereses entre los dos métodos. Periodistas como Klim eran maestros de la caricatura escrita, y Antonio Caballero y Osuna lograron desarrollar su humor bucólico en ambos campos. La flexibilidad estilística, en este caso, es imprescindible, y la versatilidad tonal a la hora de abordar uno u otro tema nos dice mucho de la persona. Antes que caricaturistas o periodistas, lo que tenemos son personas, y las personas no suelen estar en el mismo tono todo el tiempo: modulan. Como en la música, cada tema propone una modulación diferente, y no creo que deba haber pudor en adaptarse.

Fernando Uhía: La caricatura es periodismo sin “corrección de estilo” y arte sin “buengustismo”.

En el escándalo político llamado el “Proceso 8000”, monseñor Rubiano dijo que si el presidente Samper no se dio cuenta de que el dinero de narcotraficantes había financiado su campaña era como “si un elefante se mete en tu casa y no te enteras”. La frase del elefante cogió fuerza, y sin que Rubiano fuera un caricaturista, hizo caricatura. ¿Quiénes hacen caricatura por fuera de los caricaturistas? ¿Cómo comunica la caricatura?

Julio César González (Matador): Yo creo que más que un caricaturista la gente misma en sí es una caricatura, o si no miren a Uribito… que es una mala caricatura de un gobernante que a su vez es una perversa caricatura del poder (Todos los políticos son caricaturas y mentirosos natos). La caricatura comunica efectivamente porque tiene el ingrediente de la sátira y del humor, lo que coloca al poder en su verdadero sitio, o sea, convertido en un mamarracho.

Alejandro Martín: Definir es muy complicado. Uno reconoce una caricatura cuando la ve. Si bien caricatura es un término abstracto y general que, con el tiempo, ha encontrado instancias más diferentes a las que se aplica (la frase que mencionan, videos, fotomontajes, etc.), sigue estando muy claro lo que es una caricatura “clásica”, y esta imagen nos guía para entender el concepto más general. Así que, en casos más lejanos, llamaremos caricatura aquello en lo que encontramos analogías importantes con esos casos confirmados. Así como en su mayoría las caricaturas intentan atrapar en una imagen un evento particular, una situación, la frase de Rubiano resumió mejor que nada una situación general, lo que pasó con un gobierno completo. Y lo más curioso es que lo hizo con un lugar común, con una frase que uno usa para muchas cosas. Pero fijó una imagen. Eso creo que es clave, ya que estamos pensando en la relación estética/política. Allí, en esa imagen ridícula y vergonzante del elefante, se estableció una manera de mirar y de pensar un gobierno y la situación de un país.

Catalina Ruiz-Navarro: En este caso el comentario de Rubiano se convirtió en caricatura gracias a una aceptación generalizada de una idea. La comparación fue ingeniosa y divertida y muy visual, porque la caricatura se apoya mucho en su contenido visual (que puede ser visual metafórico) para transmitir su mensaje. Ese componente visual es lo que hace precisamente que el mensaje sea tan claro, contundente, y de fácil recordación.

Carlos Salazar: Como lo dije arriba, la caricatura es un arma popular por excelencia y se encuentra en el arsenal de cada casa, de cada café y de cada barrio. Aunque la televisión haya tendido a unificar el humor, el humor vernáculo del barrio La Perseverancia, por ejemplo, sigue siendo famoso. Cada zona, en cada parte del planeta, posee su propio código de humor y sátira. Este código maneja desde lo más amplio y exotérico hasta las formas más endogámicas del humor, cuyo fin es, entre otros, divertirse con los extraños. Pero para comprender eso debemos tener en cuenta que la noción que tenemos de “caricatura” es la gráfica. Y eso es un error. Cuando le damos a la caricatura escrita, en verso, o simplemente le construimos el pedestal que se merece a esa caricatura efímera que es el apunte, el calembour, la indirecta y, cómo no, el chiste diario, entendemos en qué contexto hace caricatura alguien que no tiene nada que ver con la caricatura gráfica.

Fernando Uhía: Rubiano no hizo caricatura. Lo del elefante funcionó más bien como una parábola tipo Nuevo Testamento, fue un juicio simbólico muy serio acerca de un comportamiento ético reprochable. Lo caricaturesco es el símil sobre el país, un lugar garciamarquiano donde todo es posible y los únicos que se atreven a mostrar las contradicciones son los caricaturistas; los demás nos hacemos los pendejos, los elefantes invisibles.

La caricatura impresa es un invento de mitad del siglo XIX en Francia, pero antes y después de eso hubo caricaturistas desde otros medios: Molière caricaturizó brillantemente su época en el teatro a partir de su máxima “hacer reír a la gente honrada”. En esa misma línea se puede ir hasta las comedias de Aristófanes, del siglo V antes de Cristo. Un artista tan serio como el belga James Ensor logró a finales del siglo XIX, mediante pinturas, caricaturizar lo occidental. Su enorme Entrada de Cristo en Bruselas es un buen ejemplo. Algo de eso hay en nuestro Fernando Botero de la década de 1950, que llevó a buen término las teorías sobre lo grotesco de Marta Traba. La invención técnica creó sus propias maneras de caricaturizar. Méliès hizo películas en las que se caricaturizan situaciones, o se alegorizan cómicamente al sol o la luna. La radio fue propicia para la caricatura sonora, pues comparte con la caricatura gráfica el método de trabajar “al día”. En Colombia no hay que olvidar a los locutores de Radio Santa Fe y su inolvidable “El Pereque”, dirigido por Juvenal Betancur en los sesenta y setenta, y reencauchado hace un par de años con la voz y dirección de Guillermo Díaz Salamanca y Rubén Darío Arcila. Más recientemente, desde 1992, y con la afortunada combinación del mismo Díaz Salamanca y Hernán Peláez, el programa radial “La Luciérnaga” es la escuela caricaturística por excelencia, no sólo para colegas radiales, sino para los mismos caricaturistas gráficos y columnistas de diarios impresos: en ella se parodian oral y musicalmente las contradicciones nacionales, evidenciándolas como ningún otro medio lo había hecho antes. Lo más reciente en humor radial son las “entrevistas” de Javier Estamato, primero en “El Cocuyo” y ahora en “La Escalera”, en las que el autor les pregunta a reconocidos personajes sobre sus “metiditas” de pata. Las respuestas son ediciones digitales, detalladísimas, que logran poner en la voz de algún descarado personaje público cosas que nunca dijo de esa manera. Es una caricatura muy contundente, casi inigualable, debido al uso de la interfaz de la voz de los “culpables”.

En la primera presidencia de Álvaro Uribe Vélez varios caricaturistas manifestaron la dificultad que les causaba intentar “cargar” la imagen del mandatario: su sobriedad, mesura, ecuanimidad, su aspecto físico, lo hacían un soporte casi neutro. Con el paso de los años está situación se ha invertido. ¿A qué se atribuye este hecho? ¿Debe la caricatura actuar siempre en contra del poder?

¿Sin la acción del poder no hay reacción en la caricatura?

Julio César González (Matador): Al principio no conocíamos muy bien la forma de gobernar de Álvaro Uribe; con el paso de los días vimos el desastre y su forma de gobernar al país como si fuese una finca; entonces ahí es donde los caricaturistas entramos con más confianza a dibujarlo. La caricatura siempre está en contra del poder abusivo, corrupto y discriminador de nuestros gobernantes… es una forma de quitarle la máscara; es David contra Goliath… pero sin resortera.

Alejandro Martín: Con relación a los personajes públicos, los caricaturistas muchas veces han necesitado tiempo para dar con los rasgos fundamentales del carácter. Y Uribe era en apariencia un personaje simple, sin rasgos fuertes. Con el tiempo pasaron varias cosas: por un lado, los caricaturistas lo fueron conociendo mejor, y aprendieron a subrayar aquello que marca su personalidad; pero también sucedió que el Presidente se fue subrayando a sí mismo, llevando a un extremo caricaturesco aquello que podría ser apenas perceptible en un comienzo. Cada vez fue más soberbio, más histérico, más descarado. Pero todo con los mismos rasgos/trazos que originalmente dibujaban ese personaje aparentemente simple. De todos modos, hay que señalar cómo todo eso que todos fuimos reconociendo más tarde ya estaba allí desde un comienzo. Y para saberlo es suficiente con ver el video de finales de los noventa de Godofredo Cínico Caspa en el que Jaime Garzón imita al entonces gobernador de Antioquia con voluntad de dictador: allí está todo lo que los demás caricaturistas tardaron años en encontrar, mostrando con ello también cómo los mejores caricaturistas tienen algo de videntes o de visionarios.

Con relación a si debe o no debe la caricatura actuar en contra del poder, creo que es peligroso endilgarle deberes a profesiones como ésa. Si bien es verdad que los caricaturistas políticos mayoritariamente parecen ejercer una vigilancia de los poderosos, en muchos casos las caricaturas resultan ser sólo como los chistes que hacen los empleados de los amos, en la medida en que lo único que consiguen es relajar y distender una carga potencialmente violenta. De modo que la caricatura, en esos casos, termina trabajando incluso a favor de los que detentan el poder. Y es verdad también que, como las columnas de opinión, la caricatura tiende a ser comentario, reacción. Pero la caricatura puede hacer mucho más, puede representar una situación a través de su visión de la vida cotidiana. Mediante inversiones y paradojas, puede permitirse plantear utopías o miradas profundas de los temas esenciales. En mis respuestas hasta ahora, he tenido en mente sólo ciertas caricaturas que parecen ser las mismas que guían esta pregunta: las del día a día que reelaboran los sucesos políticos. Pero hay muchas caricaturas. Quino, por ejemplo, es un cronista inigualable de la vida del siglo XX; no sé si haya habido en América Latina un artista tan agudo como él. Y sin presumir de artista rompedor, todos los domingos, en todo el continente, sus imágenes llenaron una página entera de los diarios con una visión a la vez punzante y dulce de la vida cotidiana de todos. El cuestionamiento de todos los modos de poder que ha hecho Quino con sus caricaturas es sin duda una forma muy distinta de enfrentamiento.

Catalina Ruiz-Navarro: Al comienzo, los caricaturistas encontraban difícil dibujar a Uribe porque no lo conocían, él no había pelado el cobre, no había mostrado sus defectos, no había empezado a repetir sus manierismos y su imagen no era de fácil reconocimiento popular. La caricatura no necesita actuar siempre en contra del poder, necesita ser crítica e ingeniosa, y estar constantemente cuestionando discursos sólidos. Lo que pasa también es que la caricatura es un medio que permite responderle al poder por medio del humor, es decir, en teoría, sin consecuencias nefastas para el caricaturista o el medio que lo publica. No es tanto que la caricatura necesite del poder o funcione con referencia a él, simplemente es un medio idóneo para la protesta y la irreverencia frente al statu quo.

Carlos Salazar:Bueno. No soy caricaturista pero supongo que la razón es que Pastrana, a quien todo el mundo en el país “cargaba” como quería (caricatura viene del italiano carricare, cargar, según averigüé), los hizo bajar la guardia, los aburguesó y entraron fríos al personaje. Afortunadamente, lo que hizo a Uribe vulnerable fueron su sobriedad, mesura y ecuanimidad a la hora de vulgarizar sus tácticas para perpetuarse en el poder para su segundo mandato. Cuando hablamos de Zonas Francas, Notarías, Agroingreso Seguro y Reforma a la Salud es de sofisticación que hablamos, en la medida que la Política es la forma más sofisticada de la vulgaridad. El caricaturista necesita pretextos, y al principio Uribe no se los dio. Pero en su segunda presidencia, cuando su urgencia por empezar a pagar las primeras cuotas por la casa propia del poder se hicieron evidentes, la caricatura tuvo el pretexto que necesitaba y empezó a “cargar” esa especie de ecuanimidad que Uribe aprendió en sus años de infancia con los jesuitas.

Fernando Uhía:El poder es creativo, en el sentido más destructivo de la palabra. Es lo que la luz a la Teoría de la Relatividad de Einstein. La caricatura hace ver cómo se fraguan los procesos de crecimiento del poder. En el caso de la imagen de Uribe, es cierto, Uribe vendió esa imagen inmaculada y neutral muy parecida a Superman. Incluso su afiche de campaña de 2002 lo mostraba “supermanizado”, con bucle caído en la frente, mirada perdida hacia el infinito y manita en el corazón. Muchos votaron por esa imagen supuestamente neutra, pero con el tiempo se vio que de neutral no había nada en su gobierno. Comenzó por cerrar el Ministerio de Justicia, luego empezó a regalar el país a “inversionistas” extranjeros, a cerrar hospitales y a reescribir la Constitución, esto último produciendo un grado de corrupción nunca antes visto y un segundo auge paramilitar. Es obvio que todo eso alimenta a los caricaturistas, son hechos graves que, siguiendo a Molière, es un deber mostrarlos sin censura a la gente honrada.

La exposición “La caricatura en Colombia a partir de la Independencia” se cierra con una caricatura de Álvaro Uribe Vélez dibujada por Matador. En ella se ve al presidente Uribe en el suelo, riéndose. Hay una leyenda que atribuye la hilaridad del mandatario a lo risible que le parece la oposición a la luz de la buena imagen que tiene su gobierno en las encuestas de opinión. La caricatura, como colofón de la exposición, se puede leer como un ejercicio de escepticismo; la crítica, incluida la caricatura misma, nada le hace a la imagen del Presidente. Pero por otro lado, la caricatura se puede ver como un ejercicio tímido de curaduría, una imagen casi neutra, comparada con muchas otras en las que el mismo caricaturista se ha “cargado” al Presidente: en una, Uribe está en la cama, arropado y listo para recibir a un tío Sam que ansioso de entrar en el lecho le dice: “Tranquilo, tu soberanía quedará intacta”. Exhibir caricaturas es difícil, más aún, si esto se hace en una institución del Estado o si la mirada histórica quiere mantenerse alejada de la actualidad y su polémica. A la luz de estas interpretaciones surge una pregunta: ¿Pueden las instituciones – sean museos o autoridades curatoriales o históri-cas– tener humor?

Julio César González (Matador): Esto tiene que ver mucho con la corrección política y es una cuestión de estómago… si un museo depende del gobierno central no va a colocar una caricatura que pueda arriesgar el puesto de la curadora… ya que si la echan no puede comer (estómago). Por lo general estas instituciones son políticamente correctas, pero hoy en día internet ha demostrado que lo que está atado al establecimiento puede ser transgredido de una manera tal que llega en segundos al otro lado del mundo.

Alejandro Martín: Las instituciones, claro que pueden tener sentido del humor. Yo diría “deben”, si no fuera porque en la pregunta anterior había cuestionado esos “deberes”. Y además es importante distinguir las instituciones, que por lo general son muchas personas, con distintas responsabilidades y actitudes, que hacen curadurías como en este caso, y la relación entre los curadores y los miembros de las instituciones a la hora de escoger un tono para una exposición como ésta. Quizás una exposición de caricatura resulte tanto mejor cuanto más seria sea, mientras que tal vez sea mejor que el tema más serio se trate con las dosis más agudas de humor.

Otra cosa es la pregunta particular con relación a esa exposición particular. Y la cuestión de si esa exposición debía cerrarse de un modo u otro. Al contrario de lo que parece pensar quien redactó la pregunta, yo creo que la elección de esa caricatura para cerrar la exposición es todo lo contrario de tímida. Es mordaz, es desmoralizante, casi trágica. Significativa del tipo de humor de la curadora. La figura de Uribe dibujada por Matador nos hace pensar que, por más críticas que sean las caricaturas que salen en los medios, por más aparentemente duras que sean, como las que se sugieren en la pregunta, las caricaturas y todo lo que se diga aquí o allí, todo eso no le importará al Presidente un pepino: él se morirá de la risa. ¿En últimas, es señal de complicidad de la curadora con el Gobierno? ¿Con la institución? ¿Una muestra de timidez? Yo lo veo más bien como un gesto de pesimismo. Pero eso, como todo, está abierto a lecturas. ¿Qué pasa con la risa? ¿Qué efectos tiene la caricatura? Eso parece invitarnos a mascar la curadora después de atravesar la exposición. A mí no deja de sorprenderme y de preocuparme el hecho de que muchos de los chistes más duros contra el Gobierno se hagan en las mismas emisoras radiales que han trabajado duro para construir la imagen del Gobierno con mayores índices de popularidad en la historia nacional.

Catalina Ruiz-Navarro: Primero, la caricatura es sólo una opinión, no es una fuerza política. El Uribe de Matador se burla de todos los Uribe dibujados y de su autor mismo, son Uribes imaginarios, que siempre palidecen ante el personaje real. Por otro lado, la burla también es una especie de homenaje, es decir que un personaje es suficientemente importante para dibujar una opinión pública sobre él, así que un ejército de caricaturistas podrá criticar al Presidente, pero también lo harán más popular. Es un arma de doble filo. Por eso no creo que sea un ejercicio tímido de curaduría cerrar la exposición sobre esta imagen, es un ejercicio crítico sobre la caricatura misma, caricatura de la caricatura, y así. Un museo colecciona objetos de interés humano, entonces, ¿por qué no va a exhibir caricaturas? La misión de los museos es registrar y preservar la historia muchas veces desde la vida cotidiana, y en esa medida una caricatura, aunque es efímera en su vigencia, sí es un documento. Es claro que una institución del Estado, exponga lo que exponga, mantiene su distancia con las obras; la institución del Estado es un contendor y funciona como tal. Las instituciones, museos autoridades curatoriales o históricas pueden tener sentido del humor, y ojalá lo tuvieran con más frecuencia. Creo que las instituciones se toman muy en serio a sí mismas, y muchas no se pueden dar el lujo de no hacerlo porque dependen de esta seriedad para su financiación. El juego de la sociedad es hacer creer a los inversionistas los chistes que uno se inventa para hacer pasar por realidades. Burlarse de eso hace que la gente dude de uno, y eso en términos económicos no puede pasar. Pero humor hay, así sea sutil, en todas partes, y probablemente hasta la institución más oficialista se burla de sí misma, aunque no nos demos cuenta.

Carlos Salazar:El humor y la caricatura son modernos por excelencia. Cuando recurrimos a ellos estamos siendo modernos. De hecho, la forma periodística actual del humor, por no hablar de la mismísima modernidad, viene, así le duela al antiilustrado Foucault, del tono partisano del periodismo de la Restauración Inglesa y la Ilustración. El humor en los periódicos en forma de panfleto y caricatura escrita logró ayudar a liberar a Inglaterra, no sólo de la política, sino del aburrimiento del puritanismo que había abolido con Cromwell todo lo que oliera a fiesta y ruido. La modernidad se debe al humor y a la sátira: a Pope, a Dryden y a Swift. Es curioso observar que los satíricos ingleses, como los españoles, comenzaron traduciendo a los satíricos romanos para calibrar su tono. El enfrentamiento entre los puritanos y los ilustrados, en todas las épocas, es básicamente un enfrentamiento de tonos literarios. El panegírico contra la sátira. Lo solemne contra lo escatológico. El orden contra el relajo y el santo contra el humano. También en América la sátira, el humor y el panfleto cumplieron un papel primordial. También en la América colonial pre-revolucionaria, la sátira, el humor y el panfleto cumplieron un papel primordial.

Las similitudes entre nuestras instituciones posmodernas y las de la era de Cromwell son terriblemente interesantes. Las instituciones actuales están construidas, a mi modo de ver, por una parte, sobre discursos y estrategias de poder derivadas de la religión y la ética protestante, y por otra, sobre Rousseau y lo premoderno agrícola, que sólo quiere conquistar identidad, etnia y folklore. Al ser una religión del control cívico, el posmodernismo es solemne, conspicuo, puritano, triste, escondido, jesuita y autoritario. El posmodernismo no tiene humor. Y lo que es peor, odia el humor. El tono institucional del posmodernismo y su cultura oficial, el Arte Político, es el tono de las religiones vernáculas del Oriente Medio, del Corán y la Biblia, que son los libros más tristes del mundo: el tono monoteísta de la furia, la venganza, la guerra cultural, la intolerancia con las demás religiones, el castigo, la autopredestinación, la prohibición, la condena del placer y de la risa. No es casual que autores como Lévinas, que construyen su discurso con el tono del lamento del exilio de la prosodia bíblica, sean los que dan la clave en la que los artistas políticos se entonan antes de hablar o escribir. No hay humor político en nuestro Arte Político y sus artistas nunca se ríen en público. Es parte de su código de urbanidad. Como en el incidente de las caricaturas de Mahoma, la institución no tolera ser ridiculizada y puesta en duda en lo concerniente a sus manejos del poder y su dudosa ética, y suele tomar represalias si se ve cuestionada por el humor. El humor representa para las Instituciones una amenaza a su monopolio del lenguaje cultural. Su Logocracia. El posmodernismo y el Arte Político se levantan cada día, como se levantaban Cromwell y sus puritanos, en medio de su languidez funeraria. Hablan con su convicción arqueologizante, que no es más que una falacia ad novitam, de “cuando la modernidad existía” (siempre hablan de la modernidad en tiempo pretérito), sin darse cuenta de que, esencialmente, de lo que se privaron al amputar la modernidad de su sistema, fue del humor, un ejercicio que la modernidad no presta. El que odia la modernidad odia el humor, y ésa es su grande y caricatural tragedia. Rabelais intentó demostrarnos que una institución puede estar basada en la risa, pero éste no parece ser el caso. La esperanza está en el hecho de que la humanidad es esencialmente pagana, y me atrevería a decir que la caricatura denota fuertes atavismos caníbales. El hombre necesita “comerse” al prójimo sin romper el tabú, y la caricatura es el único modo en que alguien puede comerse al otro simbólicamente, deportivamente. Y es por eso que creo firmemente que si bien institucionalmente el humor y la modernidad han sido declarados como muertos, la cultura popular y el excelente estado de la caricatura, escrita, oral o gráfica, nos demuestran una cosa bien distinta. Las instituciones actuales dominan y se adaptan bacterialmente a todas las retóricas para mantenerse en el poder. Menos a la retórica del humor. Ésa es la gran brecha en la muralla que debe ser explotada y gracias a la cual jamás van a poder actuar con total tranquilidad.

Fernando Uhía: Hay un ethos que identifica al rico y poderoso con el bueno y el bonito, y a lo grandilocuente con lo eterno. Es un ethos muy complejo, construido ladrillo por ladrillo desde el Renacimiento, pasa por el “patraseo” de Napoleón hacia los ideales de la Revolución Francesa ocasionado por banqueros que “ayudaron” a franceses e ingleses simultáneamente, y últimamente por la supuesta derrota del comunismo ruso.

La construcción cultural en la que un Primer Mundo debe tranquilamente vivir desde las materias primas de un Tercer Mundo es parte de la misma construcción y ayuda a vender esa fábula ética como algo natural. Las instituciones, como los bancos centrales latinoamericanos, siguen esa fábula al pie de la letra: fueron fundados por “misioneros” gringos, dedican una partecita de sus entradas a la “cultura” para ocultar su salvajismo, y sus sedes son monstruosos edificios de mármol y concreto metidos en medio del centro colonial de las capitales de nuestros países: la grandilocuencia arquitectónica de sus sedes se corresponde con la grandilocuencia de la retórica que transmiten, que es ni más ni menos la de la eternidad e infalibilidad del capitalismo. Es posible que sólo el pomposo nombre de Banco de la República de Colombia haya asustado a la curadora Beatriz González y a su equipo de búsqueda, pero creo que es más una falla de atención y ubicación de documentos recientes que un tipo de autocensura. A pesar de sus fallas (el siglo XX está pobremente representado en la exposición, y la caricatura radial solamente se nombra una vez en una pared), ésta es una de las grandes exposiciones de todos los tiempos en Colombia. Además, en un país atrapado en la tradición “Regeneracionista”, hasta un moco pegado en una pared de baño universitario se vuelve enormemente significativo.




[*] Este debate fue formulado y organizado por Lucas Ospina. Agradecemos su colab

Jul 24, 2010

Ciudad Juárez Y La Cosmética De Lo Sublime


«El dolor puede ser una causa de deleite»
Burke, De lo sublime y de lo bello, IV. Sección VI



1.  El mercadeo de la Muerte  crudo, sin validación curatorial, pero con colofón filantrópico
Critican línea inspirada en muertas de Juárez
EFE
El Universal
CIUDAD JUÁREZ
Sábado 24 de julio de 2010




La marca de cosméticos MAC y la firma de diseño Rodarte muestran insensibilidad y desconocimiento del dolor que representa la muerte de esas mujeres para sus familias, para la sociedad en Ciudad Juárez y para nuestro país, aseguraran activistas

Organismos civiles en defensa de mujeres en la violenta Ciudad Juárez han criticado el lanzamiento de una línea de cosméticos inspirados en las denominadas "muertas de Juárez" , la serie de asesinatos de mujeres que vive desde hace años la urbe fronteriza.

La escritora y activista en defensa de las mujeres de Juárez, Liza de Georgina, afirmó que la violencia que se vive en Ciudad Juárez ha llegado a tales niveles que se ha vuelto un estilo de vida "habitual" para los habitantes de esta ciudad.

Añadió que la iniciativa de esta marca de cosméticos revela el deseo de sacar provecho del dolor y demuestra "la falta de respeto a las tragedias vividas en cientos de hogares de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez".

Explicó que no se debe permitir que "los asesinatos de mujeres en nuestra ciudad se conviertan en un circo, en un motivo de burla, cuando es una tragedia colectiva" ya que cada una de las mujeres desaparecidas y asesinadas en Juárez era un ser humano que merece respeto a su dignidad.
"A muchas de ellas ni siquiera se les ha podido dar justicia", puntualizó la activista.

Las firmas de moda Rodarte en colaboración con los productores de artículos de belleza MAC, anunciaron la creación de una línea de cosméticos con nombres como: "fábrica", "Juarez", "Pueblo fantasma", "del Norte", "sonámbula" , "a la deriva" , "páramo" , "ciudad fronteriza" , y "quinceañera" , aludiendo claramente a las Muertas de Juárez.

Además, se mostraron fotos de la campaña publicitaria con imágenes de mujeres fantasmagóricas y noctámbulas.

Por su parte, Ana Isabel Romo Larragoiti, madre de Mayra Yesennia Najera, de 14 años y desaparecida el 10 de agosto de 2002, dijo que es lamentable que aun se siga ganando con el dolor de los familiares de las víctimas.

"Me enteré por un reportaje en la televisión y sentí rabia, después de ocho años es triste que aun nuestras hijas sean noticia y motivo de burla para el mundo", afirmó.
Ayer La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) reprobó el uso publicitario que la línea de cosméticos MAC-Rodarte da a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua.

El organismo consideró que la campaña de la marca de cosméticos MAC y la firma de diseño Rodarte "muestra insensibilidad y desconocimiento del dolor que representa la muerte de esas mujeres para sus familias, para la sociedad en Ciudad Juárez y para nuestro país".

Aunque ya hubo disculpas por parte de las dos firmas, éstas prometieron cambiar los nombres de la línea y darán 100 mil dólares a una asociación de ayuda.

"No cabe duda que algunas personas con el afán de vender, no estudian bien los casos de donde sale " la inspiración", explicó el organismo.


2.  Teresa Margolles: la Musa y el mercadeo de la Muerte políticamente retorizado y "anti-institucionalizado" por el curador.



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La artista sinaloense Teresa Margolles presenta "¿De qué otra cosa podríamos hablar?" en la Bienal de Venecia. Una bandera ensangrentada, un piso que se trapea con el líquido extraído de telas impregnadas de sangre y lodo de las narcoejecuciones en México; 10 mil tarjetas para picar cocaína con la imagen de un ejecutado y mantas bordadas con narcomensajes integran la propuesta artística de Margolles.
Para el curador Cuauhtémoc Medina, la obra tiene como objetivo provocar incomodidad y tensión, una forma demostrar la tragedia que se vive a diario en lugares de México como Ciudad Juárez, Tijuana, Culiacán o Ecatepec.




"Encierra una reacción visceral ante la expectativa de las élites mexicanas de que por proteccionismo de la imagen nacional o por sostener las ilusiones del turismo, preferirían que guardáramos un compungido silencio ante la falta de discreción que ha tenido la sociedad de masacrarse ruidosa, voraz y espectacularmente en público", señala Medina en el catálogo de la exposición. Para la bienal, dice Medina, decidió involucrar a una artista compleja, que trabaja en forma contraria a los supuestos generales del arte global, como Margolles. "Sus argumentos y su apreciación ética de los conflictos contemporáneos deben ser parte de un evento de gran visibilidad", opina.
-- La Muerte 'mexicana' en Venecia
http://www.reforma.com/cultura/articulo/503/1005498/default.a...


3.  El mercado de la Muerte como Escuela de entretenimiento bohemio


http://www.museocjv.com/marthapachecoexpomortem.htm
 
 
 

Jul 3, 2010

Hacia La Estética Total De La Filantropía Corporativa



Michael Kinsley and Bill Easterly discuss Bill Gates’ proposal for “creative capitalism,” in which big corporations integrate doing good into their way of doing business.

This Carnegie Council event took place on December 2, 2008. For the full video, audio, and transcript, please go to http://www.cceia.org

Jun 11, 2010

Los dos discursos de Brea


De Gigantería y trampantojo a Deliberación rápida y sencilla.

1.- 11 de abril de 2010

“En cambio, la grieta de Doris Salcedo equilibraba ya bastante bien las dosis de sus concesiones a partes iguales: al entretenimiento esa espectacular fractura que recorrería ominosa el edificio, en un ejercicio de fantaseo deconstruccionista -casi literalmente, en su ficción contraarquitectural- que por contraste venía a realzar la misma enormidad espectacular del espacio en su grandiosidad y gigantería. Aunque es posible que algo en la pieza jugara todavía demasiado la lógica tardía del simulacro -en lo que resultaba difícil saber hasta qué punto la rotura del suelo era toda real en su profundidad, o había algo en ella de mera puesta en escena, de puro trompe-l’oeil- lo cierto es que esa figuración de un atentado anarquitectural alegorizaba a la perfección el cuestionamiento implícito del propio escenario -y con ello de la misma institución- que le daba alojamiento, constituyendo de ese modo una eficiente apariencia de cuestionamiento de la misma lógica de la que participaba.

Así, y fuese que la grieta era parcial trampantojo o genuina realidad -“realidad” incluso en la rotura efectiva del edificio, a la manera de un Matta-Clark-, su eficiente retórica autocuestionante sin duda facilitaba al espectador ese consumo de entretenimiento salvado de toda mala conciencia puesto que la inteligencia del sentido de la pieza rápidamente le hacía cómplice satisfecho de participación en una economía de resistencia -en un juego de sabotaje consentido- hacia la propia dinámica en la que, si embargo y pese a todo, se encontraban ambos -obra y espectador- por igual perfecta y plenamente integrados.”
Nuevas economías del entretenimiento: el “efecto Tate” – José Luis Brea
http://salonkritik.net/09-10/2010/04/nuevas_complejidades_en_las_ec.php
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2.- 6 de mayo del 2010

“El portavoz del jurado, José Luis Brea, afirmó que la deliberación fue “rápida y muy sencilla”, y destacó que la obra de Doris Salcedo “posee unas claves para poder situar en la historia toda la eclosión de artistas latinoamericanos de las últimas dos décadas”.

“Es una artista moderna, con una trayectoria reconocida y pujante en la escala internacional”, señaló Brea, quien hizo referencia a que hasta ahora el Premio Velázquez estaba orientado a reconocer el conjunto de la trayectoria de un artista. Con esta elección, “además de reconocer su obra, queremos orientar el premio en la dirección de galardonar a una artista con obra viva y polémica”, explicó Brea, que puso como ejemplo la exposición que la Tate Gallery dedicó a Doris, que fue objeto de debate.
Con el galardón a Doris Salcedo, según este crítico de arte, se premia por tercera vez a un artista latinoamericano -los anteriores fueron el mexicano Juan Soriano y el brasileño Cildo Meireles-, frente al reconocimiento del Premio Velázquez obtenido por seis creadores españoles.

Brea recordó que hasta el momento ninguna mujer había recibido este premio, “lo que era injusto, dado el buen trabajo que muchas mujeres están haciendo”. Las obras de Salcedo han sido expuestas en importantes centros del arte, como la Tate Modern de Londres, el Centro Pompidou de París, el Museo de Arte Moderno de Nueva York o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid.”
La pregunta es: ¿Qué pasó José Luis, en el medio de éstos dos discursos?
Carlos Salazar
.

Discusión

amigo salazar,
la respuesta a tu pregunta -”¿que pasó entre estos dos discursos?”- es, me parece, muy sencilla: pasó una “tercera voz”, la de un mediador, la de un periodista, que “dice” “que Brea dijo”. discúlpame si como productor de pensamiento u opinión sólo suscribo lo que firmo -y no lo que en deriva a ni sé cuantas bandas resulta del rebote de lo que “otro dice” que “yo dije”.
que conste en todo caso, y además, que mi escritura crítica no tiene ni de lejos la pretensión de la univocidad que parece alentar tu reproche implícito. no es la mía -mi pretensión- la de ser un “autor” con una “voz única” -quién la tiene, y aún quién la querría tener. siempre recuerdo con afinidad y simpatía aquella advertencia propedéutica de “rizoma” en que sus autores declaraban como punto de partida: “y como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos …”.
en relación a mi trabajo tendría como mucho -y aquí me atrapas- la pretensión de construir un “sistema de escritura y conceptualización” dotado ciertamente de algo de coherencia pero sobre todo de mucho de productividad, que en su esfuerzo de dedicación al análisis de las obras de la cultura contemporánea pudiera aspirar a mucha “potencia de obrar”. pero nunca a la cruzada contra autor específico alguno -a los que tomara por fetiches de valor -positivo o negativo, blanco o negro- necesariamente absolutizable y único.
en cuanto a las presuntas contradicciones que pareces encontrar, yo no veo ninguna entre considerar maravillosamente valiosa la producción de un(a) artista y la capacidad de analizarla distanciadamente e incluso mostrando un talante crítico acerca de su realización y su juego público, en lo público. todo lo contrario, de una obra que no me pareciera cuestionable y discutible creo que no me tomaría jamás la molestia de hablar -mucho menos de escribir. pero tampoco la propondría jamás para un reconocimiento cultural, como el que supone este premio.
precisamente una de las cualidades de la obra de doris salcedo que el jurado valoró -y yo como parte de su declarada unánimidad- fue justamente su condición polémica, su posicionarse en el filo de lo litigable de nuestro mundo y nuestro tiempo y nuestras sociedades y todo su conflicto, su capacidad de abrirse a escenarios de interpretación diversa y no exenta de contradicció (que es justamente lo que mi artículo señalaba): su darse a discrepancia, debate y disentimientos. algo por lo que ciertamente tomo partido, y que -puesto en una obra o por su mediación- en sí mismo me parece antes un valor que un defecto.
siempre me gustó aquella definición que sugería entender la crítica -y aún la obra que quiera serlo- como máquina de multiplicación de las interpretaciones. creo que en mi análisis del “efecto tate” pongo en juego en la consideración de la obra de doris salcedo unas premisas y unas problemáticas -la crítica como suplemento, sí- que no es exactamente la misma que ella ha declarado como su propio contenido intencional de enunciación, de producción y alegoría de sentido: pero eso no me parece una contradicción en sí mismo, sino, al contrario, el escenario mismo en que comenzar el trabajo analítico, algo que forma parte consustancial del quehacer crítico.
si una obra es fuerte y consistente aguanta a la perfección ese doble impulso -de reconocimiento y actitud crítica. francamente, no me parece que ese talante -de simultáneo respeto y necesaria distancia analítico-crítica- sea inconveniente a la producción interpretativa y el análisis conceptual serio. si me apuras, la veo casi necesaria y perfectamente enmarcada en el programa epistemológico benjaminiana -que siempre quise hacer mío- de la crítica como “mortificación” de la obra: aquél que también se revelaba implícito en el lema jocoso de su “la verdadera crítica se acerca a la obra con la misma ternura con que un caníbal se guisaría a un recién nacido”.
¿denunciarías un “doble discurso” en la sofisticada pasión gastronómica del crítico-caníbal? yo no lo describiría así, sino, como mucho, una doble sensibilidad para con lo exquisito: tan favorable a la libertad del concepto como, al mismo tiempo, amable antes la densidad compleja de una obra ante la que se es simultáneamente capaz de sentir y expresar un fondo de intenso reconocimiento y respeto.
un abrazo,
Jose Luis Brea
.
“El valiente dura hasta que el cobarde quiere”
José Luis.
La verdad éste es uno de esos casos en que, lleno de admiración por tu artículo “Retóricas de la Resistencia” de septiembre de 2009, decidí, por no tener nada más que hacer en éstos calurosos días, mirar tu discurso bajo tu propia lupa. Aplicar tu metodología contra ti mismo solo por querer ser insolente a tu manera. La pregunta es si tu pensamiento es desechable. Porque no hay otra manera de adoptar un sistema de inmunidad frente a tu propio discurso cuando éste te alcanza como un boomerang y cuando tu mismo comienzas a ser un ejemplo de las “Retóricas de Resistencia” y el travestismo antihegemónico, florete que esgrimes con tanta majura. No sé si ésto que me permito transcribir y qué es tan “insolente” y tan “indignado” es tuyo o es una versión de algún periodista tergiversador:
“Toda crítica de la ideología debe empezar por desenmascarar, por cuestionar los relatos bienpensantes, administradores de la carga de moralina con la que se amaña el mapa de las distribuciones del poder y las presuntas resistencias contra él –a beneficio de que quien lo ostenta pase en ello tan desapercibido como pueda.”
“Una distinción se impone urgente: aquella que nos ayude a diferenciar y distinguir los imaginarios de dominación de los dominantes. Estos no van ya a venirnos de cara: sino, al contrario, travestidos de antihegemónicos, de antisistémicos, de antagonistas, abanderando sus astutas y oportunistas retóricas de la resistencia.”
“No es sospechoso que tantas veces esas retóricas nos vengan ahora dispensadas “contradiscursivamente” desde los centros mismos del poder, desde las mismas Instituciones que lo instituyen y administran?
“Y es esto también lo que hace que justamente el análisis de los conceptos y sus viajes -el viaje que por ejemplo realizan las ideas para verse convertidas de conceptos en cantinelas aprendidas- sea el método más poderoso -en el horizonte del análisis cultural- para desenmascarar el modo en que aquella fabricación de retóricas potenciadas en su origen -en su originación activa, poiética casi diría- para el ejercicio crítico, pueden ser poco a poco absorbidas y transformadas -esto es lo que sería su misión detectar y desenmascarar- en desactivados dispositivos de poder. Los imaginarios de antagonismo y contra-dominación en imaginarios dominantes, las retóricas de la resistencia en la ideología hegemónica, en la cháchara más propia y característica de nuestro tiempo, en la discursividad dominante en el espacio del contemporáneo y triunfante, en el orden de los discursos y las formaciones simbólicas, “capitalismo antagonista”.
http://www.estudiosvisuales.net/revista/pdf/num7/01_brea.pdf
http://salonkritik.net/09-10/2009/09/retoricas_de_la_resistencia_im.php
Lo he dicho muchas veces. No me interesan en especial Doris Salcedo, tu, o algún miembro del mundo del Arte en particular, ni reírme de las nuevas nociones principescas (no me refiero a Maquiavelo sino al Príncipe Felipe):
Don Felipe añadió que Salcedo “conjuga el arte con la ética”….
http://larazon.es/noticia/3166-doris-salcedo-premio-velazquez-de-artes-plasticas-2010
(Ésto, como dicen en España, ya es la pera…)
Me interesa obsesivamente saber cómo es que funciona todo éste “trampantojo” como dices tu:
“Desenmascarar, cuestionar los relatos bienpensantes, administradores de la carga de moralina con la que se amaña el mapa de las distribuciones del poder y las presuntas resistencias contra él”.(Brea, idem.)
No estoy haciendo nada diferente a confrontar tu discurso dentro de tu propia metodología. No creas que te estás estrellando contra mi o que has caído en mi trampa. Nada. Estás discutiendo contigo mismo, peleando contigo mismo y eventualmente justificándote frente a ti mismo. Y lo entiendo bien: jugar a ser terrible “en contra el Statu Quo”, mientras se ayuda a limpiar su patio trasero es facil. Doris Salcedo lo ha demostrado y se está volviendo, más que ningún otro, el caso clínico y el emblema más interesante de cómo funciona la máquina ideológica del Capitalismo Corporativo y sus nuevos intentos de mutación hacia el Capitalismo Ético o hacia el Capitalismo Filantrópico. Todavía no deciden…
El espejo en el que te ves ahora lo pusiste tu. Yo solo observo. Como dijo Walter Benjamin a una chica luego de un evento amoroso: solo me gustaría saber si hay que tomarte en serio o no de ahora en adelante.
Un abrazo,
Carlos Salazar
.
estimado carlos, de nuevo,
te agradezco la generosa profusión de las citas que recoges. lo cierto es yo no aprecio inconsistencia alguna entre ellas, ni entre ellas y mi declaración de reconocimiento a la obra de doris salcedo, reforzado y nunca mermado por su “discutibilidad” y su condición polemizable, una que no te niego y que mi propio artículo en efecto planteaba.
decir mucho más nos llevaría, me temo, a adentrarnos en el juicio de las personas -doris, tú o yo mismo-, y sinceramente es algo que no me considero quién para hacer, ni es terreno en el que me apetezca entrar.
un abrazo,
Jose Luis Brea
.
Por desgracia José Luis, en mi caso va a ser inevitable. El que, en nombre del espíritu crítico ha querido dividir el mundo en dos bandos, uno que apoya el “Statu Quo” y otro que “está en contra del Statu Quo” está lidiando con su propia sostenibilidad pública al respecto.
Chantal Mouffe, Doris Salcedo y toda la corporación del Arte Social y Político han usado esta antinomia estratégicamente para promocionarse en el mercado, para juzgar y para crear un mundo en blanco y negro. Es justo ponerlos ante un espejo.
El arte contemporáneo se sostiene sobre ésta antinomia. El sistema curatorial juzga sus preferencias y da sus premios según ésta antinomia. El mercado del arte y el sistema bienalístico se sostiene sobre ésta antinomia. El mundo moral de hoy en día es un mundo maniqueo gracias a la adopción superestructural de ésta antinomia.
Haber enunciado tamaña falacia para conquistar una hegemonía de mercado y revisar la Historia del Arte en términos de “malos” y “buenos” tiene que traer sus consecuencias – y aquí hablo de Política real- políticas. Si han creado un monstruo, deben asumir su responsabilidad.
Pero tienes razón. Dejémoslo, por ahora, de ese tamaño.
Un abrazo,
Carlos Salazar

Jun 8, 2010

BP Proudly Supports Political Art

http://channel.tate.org.uk/media/22448950001

Es innegable que todo arte es político. Netografía- BP. Crímenes corporativos.

En la medida en que a cada protagonista del medio del arte, a cada curador, artista, filósofo y marchante se le ha dotado con un trapero, un limpiavidrios y un desodorizador mientras se le deja tararear que va a asaltar la Institución, citando a Bejamin y a Rancière a diestra y siniestra, tratando de que mediante este proceder nadia vea sus instrumentos de trabajo, el arte definitivamente es político. Político colaboracionista por supuesto y entretenimientp para las masas, siendo ciertamente el populismo y la propaganda, una de las formas más conocidas y reccionarias de la política.

Corporate Watch, la página que dedica un sitio de privilegio a Unilever, tiene un capítulo dedicado la BP. Entre otras cosas, nos ilustra sobre sus labores de espionaje para el ejército colombiano en los años 90.

“BP has been accused in the European Parliament of colluding in gross human rights violations by the Colombian army and of wanton environmental destruction in pursuit of profits. Evidence for the accusations comes from a report ordered by Colombia’s President Samper and compiled by a commission including the President’s human rights adviser, Attorney-General and Ombudsman. The unpublished report, completed in July 1995 made specific allegations that BP passed photographs and videos of local protesters to the army, which human rights groups say led to killings, disappearances, torture and beatings.”

http://www.corporatewatch.org/?lid=290

Multinacionales y paramilitares en Colombia. Una conversación con
Juan Carlos Galvis y Marta Hinestroza.
http://www.elviejotopo.com/web/archivo_revista.php?arch=565.pdf

Por otra parte no es difícil predecir que despúes del desastre en el Golfo de México, la BP dedicará inmensas sumas de dinero a los Museos ingleses y a la promoción de artistas y proyectos curatoriales ligados a causas humanitarias de “rebelión”, “urgencia” e identidad cultural. Es una apuesta.

Jun 4, 2010

Abolir la Modernidad en la Aldea. Politicismo*, Purga Histórica y Bautizo Post-mortem.


"The contest for History is central to the struggle for a redefinition andeventual decimation of centrism and its endangering discourses" Olu Oguibe. "The Culture Game." 2004
La curaduría de "Últimas adquisiciones" fué un anuncio. Poco a poco empieza a tomar forma una nueva Corriente Revisionista del Arte Colombiano. La Historia del Arte Colombiano se está refabricando en términos de valor sociológico y 'político", con celo jacobino. Etnia, género, identidad, territorio, naturalismo, nacionalidad, civismo, Responsabilidad Social, Retórica Política, estética de la violencia etc., son los fieles de la balanza a la hora de determinar su valor moral y su precio.
En la medida en que ésta búsqueda y clasificación forense - en la que el curador y el historiador son los sabuesos y validadores - se vaya apoderando de todos los resquicios del Arte en Colombia, todo arte que no responda a una supuesta motivación y expresión estilística 'política', irá desapareciendo. Se trata de crear una nueva genealogía histórica. Éste politicismo historicista se aplicará en nuestro caso y sin pudor, desde el Arte Precolombino hasta  la Contemporaneidad. Esta se presentará - tras la incorporación del pedigree fabricado en función suya - como la Edad Dorada prometida y el advenimiento mesiánico de la Utopía Hiperpolitizada. De Obregón, Botero, Grau y los modernos  se dejarán solo las obras 'políticas' o politicizadas a capricho. Si resulta demasiado vergonzoso abolir la pintura abstracta (Marco Ospina, Carlos Rojas etc.), se hará un tour de force teórico para avalar sus mejores ejemplos como 'políticos'.
Como en la costumbre Mormona, y siguiendo el ejemplo de la historiografía mainstream (que se encuentra con premura bautizando 'políticamente' post-mortem a lo mas selecto del pasado desde Lascaux hasta la Modernidad  (1)), artistas como Ramírez Villamizar probablemente serán abolidos. Con él se irán Fanny Sanin, Darío Morales, Saturnino Ramírez etc. En América Latina se politicizará al europeo, surrealista y desterritorializado Matta, pues sería un despropósito abolir al más importante e influyente artista moderno de la región. No obstante se abolirán a Szyszlo, Le Parc y Otero (2) .

Samuel West,  en la serie de 2006 de la BBC,  The Private Life of a Masterpiece (Season 8, Episode 2),  logró politicizar inmisericordemente "El Censo en Belén" de Brueghel (1566), "descubriendo" para nosotros que el cuadro es en realidad una protesta de Brueghel el Activista  contra el "Terror Estatal" y el "desplazamiento" en el Flandes del Siglo XVI; situación por demás imposible para ese momento  puesto que la Guerra de los Ochenta Años solo se inicia en mayo de 1568, un año antes de la muerte de Brueghel (1569) y tres años después de pintado el cuadro. Los primeros sitios españoles durante la guerra se dieron en 1573, cuatro años después de la muerte de Brueghel y siete después de pintado el cuadro. Durante el año en que Brueghel pinta el cuadro (1566) la única forma de Terror que existe en Flandes es la campaña de los Calvinistas flamencos destrozando las imágenes religiosas en las iglesias.


Destrucción de la Iglesia de Nuestra Señora de Amberes por los Calvinistas. Agosto 20 de 1566. Franz Hogenberg.

Aun más. No es una anécdota mas decir que Brueghel era católico, por lo cual se volvería más difícil refabricar su imagen como "pintor incitador a la rebelión" por la mera voluntad hagiográfica de West - paso lógico después de su resurrección 'política' mormónica -  y ponerlo en nuestro texto escolar Texas-like a apoyar una revuelta protestante e iconoclasta. Y si a eso le sumamos que Brueghel era  un protegido del Cardenal Antoine de Granvela, Gobernador de los Países Bajos españoles y secretario de Felipe II, y no el artista marginal y oprimido que West fabrica para el gusto compasional del televidente y la Nueva Historia del Arte, la canonización politicista se complica.


Cardenal de Granvela. Gobernador de Flandes y patrón de Brueghel por Antonio Moro. 1549
Aun así, que diablos. El episodio televisivo, doubling down, compara en su delirio politicista jacobino y sin el mas mínimo respeto, la iconología del "Censo en Belén", imágenes incluídas, con.... El desplazamiento durante el genocidio en Darfur en 2003.
Entonces, en medio de la fiebre hermenéutica militante, donde hay unos paisanos en sus actividades cotidianas en un día de Invierno mientras los niños juegan en la nieve y el hielo, el episodio ve unos ciudadanos "agotados, congelados y apabullados" preparando la logística para otro penoso día de invierno en lo que ahora se presenta a nuestros ojos aterrados como una especie de Sitio de Leningrado flamenco.

 
Brueghel. El Censo en Belén. 1566



Darfur 2003



Sobrevivientes de Darfur demuestran en Gleneeagles, Inglaterra, cómo las milicias de Jinjaweed quemaban sus casas en 2003.D. CHESKIN/PA ARCHIVE/PA PHOTOS


Siguiendo la nueva metodología mágico-revisionista (éste procesamiento de la imágen de acuerdo al deseo, el barato deseo del que le hablaba Freud a Mann, es plenamente mágico-religioso), hoy en día no es pues necesario quemar curatorialmente las obras vernáculas de la historia del arte que carecen de una connotación narrativa 'política', pues se pueden validar alquímicamente con la más bella y mística de las prestidigitaciones academicas: la "narración" política apócrifa extemporánea. El bautizo post-mortem selectivo y la resurrección del elegido en el empíreo de lo político terminaran de sumarlo como cidadano en la Ciudad de Oro de la nueva religión politicista. Ahora Brueghel es uno de los santos en el santoral del Arte Político.
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Pero volvamos al principio. A nuestra aldea.
En una entrevista  a propósito de su libro "Sobre una línea de polvo", Santiago Rueda - siguiendo el paso de las últimas curadurías de la Luis Ángel Arango, Museo Nacional et al.-  pretende dar un peso teórico al amanecer del nuevo Revisionismo y la nueva purga moral. En la entrevista, Rueda sienta su posición (entre editorialista y militante) frente a la Modernidad y habla de cuando, gracias a la perniciosa influencia de Marta Traba, se enseñaba pintura. En otra parte de la entrevista habla de una generación de "estólidos y distraídos" (gran definición  semánticamente perfecta para armar las primeras listas en una purga). Habla de lo sesgado de los juicios de Traba, pero el propio sesgo de Rueda no logra quedar oculto en la acusación al tercero y la falacia ad novitam:
"Aunque admite que Marta Traba cumplió una función muy importante en el arte en Colombia y apadrinó a un grupo de seis artistas —Obregón, Botero, Grau, Ramírez Villamizar, Negret, Manzur—, para Rueda sus juicios fueron demasiado sesgados y un grupo de artistas políticos quedaron por fuera. Su influencia fue tal, que para mediados de los noventa las universidades seguían enseñando pintura, los temas sociales eran vistos con escepticismo, y artistas como Miguel Ángel Rojas, Luis Alejandro Restrepo y Óscar Muñoz, que empezaban brillantes carreras conceptuales, vivían a la sombra de los modernos."
Rueda, de paso, blinda institucionalmente frente a la crítica a los artistas 'políticos' (crítica que se ha centrado normalmente en sus veleidades colaboracionistas e ideologicas con el Statu Quo y su ética dudosa). En una Regla de Tres sofística y sensacionalista, identifica la crítica que tienen que padecer éstos artistas con la persecución y ejecución de los próceres colombianos por los españoles. Hace del artista político, mediante la comparación hiperbólica, un nuevo prócer fusilado en los cadalsos de papel de sus críticos, los chapetones:
"El arte político de los últimos años, de hecho, ha sido muy criticado. Algunos dicen que los artistas usan a las víctimas con fines estéticos, que “poetizan” su dolor. Aunque Rueda admite que el arte político enfrenta dos problemas —el auge del mercado y la ideologización—, cree que el arte colombiano siempre ha sido muy crítico: “Los artistas siempre han sido muy valientes y han querido hablar de esa realidad social. Está Chócolo, Antonio Caballero, están los grabadores, está Augusto Rendón. Incluso los ilustradores de la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, que se unen a la causa independentista y los fusilan”. Su historia quizá sea la de un ciclo que se repite en el país."
Arte, Drogas & Mafia. Entrevista en Arcadia. 2010/04/21





La metodología historicista de Rueda no es una casualidad. Ni es una metodología independiente. Rueda, como todo el curatoriado, la academia y las Instituciones culturales del Estado vienen a reproducir a la aldea una función ideológica, constante e invasiva, desde la Institución superestructural primermundista y el mercado global. Imitan y son colonizados por esa visión reformatoria de la Historia del Arte que ya vemos florecer en West. La metodología  pedagógica politicista, sin embargo y como se puede ver llega tarde. Pero llega. Y en sentido es evidente que no hemos dejado de ser modernos.
Una tercera curaduría, "La Vuelta a Colombia" (video), define un punto claro en el dibujo de la línea ideológica. Si el texto curatorial de Méndez en "Últimas Adquisiciones" pretende sonar lo más académico posible y la entrevista de Rueda toma tintes de manifiesto criollo , en “La vuelta a Colombia” (Felipe González y Julián Serna, curadores http://esferapublica.org/nfblog/?p=9852) la confusión infantilizante de la noción de 'Política' se vuelve exasperante por momentos. La palabra 'politica' es pronunciada y mas que nada, prestigitada,  con una frecuencia mantrica, casi obsesiva,en los 24 minutos que dura el video. Es la moda. El mecanismo mágico de 'politización' y enmendadura mormonizante del cuadro abstracto de Marco Ospina es, como en West, casi caricatural. Norman Mejía se salva por un pelo de la arrogancia condescendiente de los juveniles inquisidores. Algo si sabemos. Para los jóvenes que han llegado al politicismo todo lo que se mueva es pesado in situ en la balanza de Anúbis de lo político. (3)
La Institución pues no busca rigor ni seriedad. Mucho menos educar; solo usa la Historia para adoctrinar adeptos usando la retórica rebeliosa de lenguaje populista . Le abre el camino al mercado del politicismo manoseando la historia con las manos de seda de la ignorancia politíca grandilocuente reemplazándola por politicismo vulgar. Ojalá no pasara de una anécdota, pero es en las manos de éstos historiadores, curadores y críticos, formados y animados desde  los salones académicos, en manos de los cuales está la revisión historicista del Arte Colombiano por venir.
La falacia Anti-Pro Statu Quo ya comienza a hacer sus estragos en la historia del arte en Colombia. No importan los niveles vergonzosos de colaboracionismo de los artistas "Anti-Statu Quo", con el poder y el Estado. ¿Qué importa la viga en Ojo Omnipolitico propio si se puede señalar la paja en el ojo tuerto de la Modernidad?
No obstante abolir la Modernidad  de la Historia degradandola moralmente, es abolir el espíritu de rebelión. Lo que nos espera es una purga puritana silenciosa, tibia, lenta y metódica. Todo lo tibio, lento y metódico que puede ser el Statu Quo a la hora de abolir la Ilustración, el placer, el juego, la civilidad del tiempo libre, la frivolidad el disfrute y la belleza del arte de la sociedad. Para nosotros, el Premodernismo, la Religión Politica, el Ritual Tribal, el Folklore, la estetización del dolor y la guerra. La filantropía y su avatar, la "política", como entretenimiento de las masas. Para el ciudadano, el deber jacobino de politizar hasta las deposiciones en nombre de la Utopía. Como señala Oguibe, el primer mundo busca abolir su Premodernidad, mientras abole la Modernidad en la Periferia.
Ya en 2007 habíamos llamado la atención sobre lo que se veía venir:
"Si una sociedad moderna y capitalista adopta culturas exóticas eso es parte de su prestigio y de la decoración de sus lobbies, sus bienales y sus museos. Lo étnico es allí la cereza en el helado de la modernidad. Pero si una sociedad tercermundista, en un concepto que no es mas que una constante y persistente amenaza moral, adopta parámetros modernos, ello no es mas que producto de la intervención foránea y la alineación y debe ser extirpado. El candado de la prisión cultural se cierra pues desde la lejanía de la metrópoli a través del sistema académico y curatorial, el sistema de los premios, los salones y las galerías, las que como era previsible, entendieron que  el arte social es un gran negocio tanto monetario como ideológico. Y desde luego el de los críticos del historicismo político para quienes hacer arte óptico, constructivismo, arte cinético o cualquier cosa que no satisfaga la estética de "lo bello del atraso premoderno" no es "ético.".
Encadenados al Premodernismo. http://esferapublica.org/nfblog/?p=765
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*Politicismo: voluntad obsesiva por politizar cualquier fenómeno, objeto estético o iniciativa cultural. Inversamente, estetizar  cualquier fenómeno o iniciativa política. Exigir que todo producto estético o iniciativa cultural haga parte de una agenda política. Hacer de la narrativa política la conditio sine qua non para que un objeto estético o fenómeno cultural posea valor de uso y valor de cambio en el mercado y valor ideológico dentro de la superestructura cultural dominante.
politicismo s. m. [der. di politico1], non com. – Importanza eccessiva attribuita alle esigenze della politica, per cui ogni altra attività intellettuale o morale viene subordinata a essa.
"La miseria del politicismo actúa como un gas, tóxico tanto para la imaginación como para el estímulo creativo. Especie de pelagra superficial que afecta, sin embargo, a las raíces del conocimiento y la alegría del pensamiento en sí.
De la Universidad a los ministerios del Cultura, de los premios internacionales a nuestros Premios Nacionales, el politicismo ha ido engullendo los demás factores de la ecuación. Habrá diferentes patrones pero hay un único Patrón. El Poder Político nunca tan devaluado moralmente pudo aspirar a más. O jamás el poder político se muestra tan intervencionista como cuando pierde legitimación intelectual: sus manotazos rompen o dañan cuanto toca en el intento agónico de recobrar el mando y su falta de autoridad estética convierte su tacto en mediocridad, su presencia en malestar y en tristes mundos los diversos espacios que visita."
La miseria del politicismo. El Pais. 19 OCT 2006
(1) "The LDS Church teaches that deceased persons who have not accepted, or had the opportunity to accept, the gospel of Christ in this life will have such opportunity in the afterlife. The belief is that as all must follow Jesus Christ, they must also receive all the ordinances that a living person is expected to receive, including baptism. For this reason, members of the LDS Church are encouraged to research their genealogy. This research is then used as the basis for church performing temple ordinances for as many deceased persons as possible. As a part of these efforts, Mormons have performed temple ordinances on behalf of a number of high-profile people, including the Founding Fathersof the United States,[45][46][47] U.S. Presidents,[45] Pope John Paul II,[48] John Wesley,[45] Christopher Columbus,[45] Adolf Hitler,[49] Joan of Arc,[49] Genghis Khan,[49]Joseph Stalin,[49] and Gautama Buddha.[49]" http://en.wikipedia.org/wiki/Baptism_for_the_dead
b. "Mormons believe that everyone has to be baptized a Mormon in order to get into heaven. Posthumous baptisms are conducted primarily to allow Church members to give non-Mormon relatives a chance to get into heaven after death.Mormons don’t believe that they’re forcing their religion onto the dead, since the soul of the deceased needs to consent to the baptism from beyond the grave in order to become Mormon. The way they see it, the service gives that person one last chance to convert, a chance that they’re free to reject.(...)

Daniel Pearl, Anne Frank, and Simon Wiesenthal’s parents are only the latest in a long line of people to be posthumously baptized by Mormons.An estimated 380,000 Holocaust survivors were posthumously baptized in the 1990s, according to a New York Times report. Though the problem came to light after this incident, Jews haven’t been the only targets of posthumous baptisms. The Church admitted that Barack Obama’s mother was posthumously baptized in 2008.According to Radkey, Mormons have also vicariously baptized Joan of Arc, Charlie Chaplin, Marilyn Monroe, Mahatma Gandhi, and Adolf Hitler.Radkey also said that she discovered Holocaust survivor and Nobel Laureate Elie Wiesel’s name in the database. A spokesman for the Mormon Church told the Huffington Post that Wiesel’s name hadn’t actually been submitted for baptism, and that his name was entered into the genealogy database in error." http://m.nydailynews.com/news/mormons-baptize-people-dead-article-1.103155
(2) Addenda 2015. "The location of Abstract Expressionism in the schema of America Is Hard to See may have been purely logistical, given the size and complexity of the exhibition. But its siting to the left of a set of politically motivated images does two things: it heralds, in emotional terms, the sense of release felt by these artists when the epiphany broke that art doesn’t have to send a message or even look like anything to be powerful, heady and enduring; and — more provocatively — it takes the first international brand of American art and shoves it to the side. By electing not to place AbEx front and center, the exhibition declares that postwar painting, rather than initiating both the American dominance of Modern Art and an inevitable march toward reductivism, is but one episode in an unfolding narrative, albeit an extremely important one, but one episode nonetheless." The Triumph of Revisionism: The Whitney’s American Century by Thomas Micchelli on May 2, 2015. 

http://www.vulture.com/2015/05/saltz-did-modernism-even-happen-in-america.html?mid=twitter_vulture
(3) El corazón del muerto, que era el símbolo de la moralidad del difunto, se pesaba, en una balanza, contra una pluma que representaba el Maat, el concepto de verdad, armonía y orden universal. Si el resultado era favorable, el difunto era llevado ante Osiris en Ara; sin embargo, Ammit "el devorador de corazones", que se representaba como un ser mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo, destruía aquellos corazones cuya sentencia resultaba negativa, impidiendo su inmortalidad.

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Bibl. Olu Oguibe. THE CULTURE GAME. University of Minnesota Prenpss. 2004

May 4, 2010

El Artista como "Attention Whore"



Nadine Sykora tiene 22 años, es canadiense y no tiene problema. Llamar la atención como sea, desde donde sea y con los métodos que sea y reconocerlo, es para valientes.

Nadine no necesita redactar complicados textos sobre género, etnia e identidad para conseguir trabajo, subvenciones, becas y viajes gratis y sin embargo, tiene algo característico del artista contemporáneo: vive entre dos ciudades. Alguna en British Columbia y alguna en Nueva Zelanda. No obstante, Nadine no requiere de manosear Retóricas de Rebelión y Subversión recreativa Anti-Institucional para permitirse ese lujo, ni para que sus monerías sean vistas por la Monarquía Retórica.

Nadine no requiere de disfrazarse de Rosa Luxemburgo ni de “Libertad Guiando al Pueblo”. Nadine, en su vida, ha ido a un barrio pobre y no es bilingüe en dos ortografías. La única noción que tiene de “víctima” está relacionada con la moda o el desaire de un jugador de Hockey, y sabe del Holocausto por Spielberg. Nadine lucha por ser un ícono mediático sin necesidad de embadurnar paredes enteras con litros de sangre de pollo, ni pararse, como los sapitos que no cantan duro, al lado de los que cantan estentóreamente para remorizar prestigio. Nadine ni siquiera hace alusión publicitaria a su logros en términos de etnia, ella es canadiense y punto, o a épicas batallas filantrópicas. Nadine no necesita de armas de fogueo para pretender un drama o vampirizar seres humanos en el Sahara, México o Ruanda. Nadine no tiene un manager que le aconseje tener una Fundación para acumular capital reputacional. Nadine no es un “Attention Whore Artist”. Es, como lo afirma alegre y festivamente, un “Attention Whore” puro y duro. Nadine es de verdad y se vende porque se adora. No se vende, pretendiendo vender a los Otros mientras se adora en el clóset, a cualquier hora, en cualquier esquina de la Institución.